Las imágenes del poder en el arte y la cultura

*Claude Nicolas Ledoux. Interior del teatro de Besançon (1788)

«Todo parte de la encarnación de personajes no elegidos por nosotros sino proyectados por el poder»

Judith Butler

La cultura de la visión se vale del arte como canal principal, a través del cual las tendencias quedan reflejadas y se originan nuevos regímenes escópicos que van variando a lo largo de las distintas épocas. Aquí hablamos de estos “regímenes” como figuras, marcos y, en definitiva, sistemas de poder. En un momento determinado se asociará de manera casi espontánea el ver con el ser y, como afirmó Giorgio Vasari en su obra “Pintores, escultores y arquitectos”: «El fin principal del arte es la imitación-emulación del mundo natural». En numerosas ocasiones hemos comprobado que esto no es así, y que esta relación es completamente una identificación ideológica, esto es, una forma más de control. 

Desde los kuroi en la Antigua Grecia, cuyo propósito era definir el ideal de varón atleta, musculado, fuerte, tenaz, con tiempo y recursos para cultivar su cuerpo; hasta cómo marcas como Luis Vuitton elige vestir a los artistas del momento en su último vídeo musical. Lo cierto es que la primera marca de la Historia fue la figura del “genio”, del artista consagrado y en base a la que el resto de artistas intentarán emular sus obras. Algunos ejemplos de esto son Leonardo da Vinci, Miguel Ángel, Rubens, Bernini y un largo etcétera. 

El Renacimiento introduce una nueva visión antropocentrista en la que el hombre ­­­–y con “hombre” nos referimos al varón– se vuelve el ego pensante iniciador de todo enunciado, el principal generador de prácticas discursivas. El hombre equiparable al dios: todo lo que ve es lo que existe. Esta obsesión con verlo todo, reconocerlo todo y escudriñar cada punto de ese ego lleva a una despersonalización del individuo que ya no tiene una versión humana y realista de sí misma, sino como producto del sistema vigente, que en época contemporánea, será el capitalismo. 

Antes de adentrarnos en cómo el capitalismo ha modificado el discurso del arte, cabe destacar que este régimen de la visión prácticamente nunca ha sido neutral en cuanto a términos de género. Las representaciones son falocentristas, la mujer no es capaz de ver sino de ser vista a través de los ojos de un hombre. De esta forma el sexo femenino queda anulado y pasa a ser una extensión del sexo masculino, una construcción. Como los kuroi y las koré, un hombre de proporciones heroicas, desnudo y musculado; frente a una koré vestida, recatada, en posición de ofrenda y sonrisa arcaica. La mujer domesticada, silenciosa, puesta a servir los deseos del hombre. De ahí a la mujer sexualizada, como en “La gran odalisca” (1814), de Ingres; “El espíritu de los muertos vela” (1892), de Paul Gauguin; o “La maja desnuda” (1800), de Francisco de Goya. Son chicas jóvenes totalmente destapadas y disponibles, de esta forma, a través de la visión se domina el cuerpo femenino. En 1989 el grupo The Guerrilla Girls colgó frente al Metropolitan Museum de Nueva York un cartel que denunciaba que menos del 5% de las obras del museo estaban realizadas por mujeres, pero que, sin embargo, el 85% de los desnudos eran femeninos. El título: “Do women have to be naked to ge tinto the Met.Museum?” (“¿Las mujeres tienen que estar desnudas para entrar en el MET?”). Esta realidad corresponde con la afirmación de Freud de que la fetichización del cuerpo femenino no es sino un modo que tiene la consciencia de exorcizar el horror que supone la presencia de la mujer como entidad castradora. The Guerrilla Girls también tiene otras obras como “Ventajas de ser una mujer artista”, con un marcado carácter irónico cobre cómo dentro del mundo del arte el papel de las artistas está totalmente infravalorado y siempre ligado a la edad, el físico o la maternidad de las mismas.

The Guerrilla Girls. Do women have to be naked to get into the Met. Museum? (1989).

Dentro del panorama musical, la cantante de nuevo flamenco Rosalía intenta a través de su figura de mujer emancipada lanzar un mensaje de empoderamiento femenino que, más que lograr su objetivo, reafirma el componente de clase en las desigualdades de una sociedad patriarcal. A través de sus joyas, su excentricidad, ropa y estilo de vida lujoso busca representar a la mujer moderna e independiente. Como si de un cuadro se tratase, Rosalía mira directamente al espectador con expresión altiva, mientras conduce coches de alta gama o viaja en un jet privado, haciendo uso de un poder adquisitivo otorgado por una industria que perpetúa la condición de desigualdad de las mujeres a través de un filtro totalmente patriarcal. Junto con el cantante de trap español C.Tangana, les interesa hacer de su figura artística una empresa cuyo alcance va más allá de su propia obra. Utilizan modelos controvertidos que se convierten en la mejor estrategia de marketing. Al principio causan revuelo, generan opiniones contrarias, incluso enfurecen, hasta acabar convirtiéndose en modelos a seguir. Es así como el poder patriarcal se instaura en las imágenes, así como lo hará el sistema de producción vigente mediante la encarnación de personajes no elegidos por nosotros, sino proyectados por el poder.

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