La palabra mesura tiene sonido de censura

*Fuente: Verne – El País

La frase de la expresidenta de Argentina Cristina Fernández de Kirchner que da nombre a este artículo define a la perfección lo que el pasado mes de diciembre, con motivo de una exposición realizada en el Palacio de Bellas Artes de México D.F sobre el líder revolucionario Emiliano Zapata, sucedió cuando el artista mexicano Fabián Chairéz dio a conocer su particular retrato sobre el “Caudillo del Sur”. En él se muestra la figura de un varón mexicano (con un gran parecido a Zapata pero que no podría llegar a ser considerado como un vivo retrato del líder militar) que cabalga desnudo, portando un atípico sombrero de charro rosa y unos tacones con forma de pistola (haciendo referencia a Los Tacones Lejanos de Almodóvar), maquillado y con pose femenina a lomos de un caballo blanco con una prominente erección.

Hasta aquí nada de extraordinario. Muchos han sido los artistas que se han atrevido a descontextualizar a grandes líderes políticos e históricos a través de la pintura, como fue el caso del pintor sirio Abdalla al Omari, quien desde su posición de desplazado se atrevió a retratar a los grandes líderes políticos del momento como si fuesen refugiados.

Lo novedoso del retrato de Zapata viene más por el contexto que por el contenido del cuadro, y es que, tras su muestra, fue poco el tiempo que tardó la familia del líder militar en compadecer en público para manifestar su rechazo e indignación para con la obra, llegando a calificarla de “burrada”. El descontento de la familia no tardó en propagarse a la ciudadanía, siendo especialmente acogido por algunos colectivos agrícolas que ven en Zapata a un referente que luchó por sus derechos frente a los terratenientes. El rechazo a la obra acabó desbordando el debate público y desembocó en enfrentamientos violentos entre quienes se oponían a la exposición del retrato por considerarlo obsceno, y los que defendían la exposición de la obra, entre quienes se contaban artistas de diversos ámbitos, periodistas, movimientos y asociaciones en favor de la libertad de expresión y colectivos LGBT+, quienes se mostraron fuertemente molestos con la indignación que había causado la simple feminización de un referente histórico.

Tras varias jornadas convulsas de enfrentamientos violentos, ocupaciones del museo y oleadas de comentarios homófobos en las redes, el Gobierno de México llegó a un acuerdo con la familia de Zapata para no retirar la obra de la exposición. Para ello, la obra fue eliminada de la publicidad de la exposición, obligando a colocar al lado del retrato una publicación que recoge la opinión de la familia del Caudillo del Sur sobre la polémica obra. Finalmente, la obra fue comprada por un empresario español, Tatxo Benet, quien está trabajando en un “Museo de la Libertad”, donde se expondrán unas 70 obras que, como el popularmente conocido Zapata Gay, han sufrido algún tipo de veto o censura.

Ante situaciones como esta cabe preguntarse, ¿debe tener el contenido de las creaciones artísticas algún tipo de límite?

En el libro A favor y en contra, el libro del debate, escrito por los expertos en oratoria y debate Debbie Newman y Ben Woolgar, se recogen argumentos a favor y en contra relativos a 140 casos controvertidos de la actualidad, como la eutanasia, el aborto o la propia censura a la libertad de expresión, centrando un capítulo en la censura ejercida por parte del estado. En ese escrito, se dispusieron cuatro argumentos en los que se exponían las diferentes causas y motivos que podían llevar a la justificación de la censura en él arte.

¿La censura como instrumento?

  • 1. La libertad de expresión nunca es un derecho absoluto, sino una aspiración. Deja de ser un derecho cuando daña algo que todos consideramos valioso.
  • 2. Quienes apoyan la libre expresión sin reglas olvidan que no solo puede silenciar a las minorías el poder del Estado, sino también el descrédito social promovido por racistas, sexistas, homófobos y otros fanáticos.

Ante estos supuestos presentados en el mencionado libro de Debbie Newman y Ben Woolgar, cabe destacar que, en el año 2017, en torno a 12.000 personas firmaron una petición para que el museo Metropolitan de Nueva York retirara de sus salas las exposiciones de las Lolitas de Balthus, un conjunto de retratos de niñas menores de edad cargados de erotismo.

Fuente: lomustdelomust, Imagen de una de Las Lolitas de Balthus

Uno de los argumentos más esgrimidos para solicitar la no exposición de estos cuadros se basaba en la supuesta exaltación de la pederastia y degradación de la infancia. Ante esta tesitura, podría caber el preguntarse si es deseable que piezas artísticas que exaltan (o simplemente muestran) fenómenos de la sociedad que incurren en actos moralmente contestados de forma mayoritaria, y que incluso pueden llegar a ser constitutivos de delito, deberían tener la posibilidad de ser expuestos de forma pública. Manuel Borja-Villel, director del museo Reino Sofía desde 2008, afirmó en una entrevista concedida al diario ABC que “la sensibilidad de los distintos grupos no puede pesar más que la posibilidad de expresar a través de cualquier manifestación artística una idea o un pensamiento. El arte es ese espacio en el que cualquier sociedad sana puede y debe tratar sus esperanzas, deseos, pero también los terrores y miedos más inconfesables”. En respuesta a la misma polémica y en el mismo medio, el artista Bernardí Roig afirmó que “el arte no debe tener límites… No debe conjugar con ninguna sensibilidad por muy sensible que sea. Al contrario, debe partirlas por la mitad, atravesarlas y cuestionarlas. El arte está para desmoronar todas nuestras seguridades y devolvernos una mirada nueva, craquelada y fragmentada, para llevarnos a lugares que nunca habíamos imaginado”.

¿La censura como prevención?

  • 3. Algunas formas de narración escrita o representaciones de imágenes se han considerado definitivamente vinculadas a actos delictivos.

Uno de los “escándalos” más claros a este respecto lo encontramos en la reacción por parte de algunos sectores a la película de 2019 Joker. Han sido muchos los críticos de cine que han acusado a esta película de incitar a la violencia, como David Fontana, quien escribió que “la película no es más que la glamourización de la violencia en aras del entretenimiento”, o Mara Reinstein, quien escribía que “la película es un pozo negro implacablemente salvaje, desesperado porque reflexionemos sobre la violencia en nuestra cultura, quizás sin darnos cuenta de que es su más reciente contribuidor”.

BBC, Fotograma de la película Joker

La reacción de los críticos en cierto modo es comprensible, pues “los medios de comunicación aparecen como “constructores de una realidad”, de manera que organizan y estructuran conocimiento y significados para la audiencia” (Rodríguez, 2007:266). A pesar de esto, y de lo lógica que podría parecer a priori la relación de cuanta más violencia en el cine, más violencia en la sociedad, diversos estudios han desmontado susodicha idea. Ejemplo de esto es la investigación de Christopher Ferguson publicada en la revista Journal of Communication, donde tras examinar la violencia cinematográfica y las tasas de homicidios entre 1920 y 2005, y el consumo de violencia en los videojuegos y su relación con las tasas de violencia juvenil entre 1996 y 2011, determinó que no había evidencias para poder afirmar que la violencia de la ficción influyera en las tasas reales.

¿La censura como erradicación?

  • 4. Con la censura de los discursos somos capaces de evitar que haya nuevos seguidores del “lado oscuro” que forman el racismo y otros grupos discriminatorios.

A este respecto cabría mencionar lo que sucede en las redes sociales, las cuales se han convertido en el mayor escaparate actual de opiniones. En el caso de Facebook, en el apartado de su página web reservado a las normas comunitarias, se hace mención a la potestad de la multinacional de poder eliminar las publicaciones de “contenido inaceptable”, lo que es considerado por la empresa como “discurso de odio o lenguaje que incita al odio todo contenido que ataca directamente a las personas por lo que denominamos “características protegidas”: raza, etnia, nacionalidad, religión, clase, orientación sexual, sexo, identidad sexual y discapacidad o enfermedad grave”. A pesar de esto, en una entrevista realizada para el periódico digital “El Diario” por parte de David Sarabia y Juan Luis Sánchez a distintos empleados encargados de aplicar la “censura” de Facebook, se pueden encontrar testimonios de los censores en los que se reconoce que el número de comentarios racistas y misóginos no paran de crecer, la mayoría de ellos, expresados por medio de fórmulas indirectas que permiten burlar la censura. Otro ejemplo lo podemos encontrar en el consumo drogas, un tema tabú que tiene de forma expresa prohibida su difusión o promoción en absolutamente cualquier red social, medio de comunicación e, incluso, actividad individual. La venta de drogas como la cocaína es ilegal y, sin embargo, según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, en su Informe Mundial sobre Drogas alertó de que el consumo de las mismas había aumentado un 30% en la última década. Estos ejemplos parecen manifestar que el hecho de prohibir algo no necesariamente tiene porque acabar con ello.

En el artículo El arte como provocación, Jesús María Montero Barrado expone como la historia del arte, a pesar del paso de los siglos y la sucesión de distintas corrientes artísticas, siempre ha mantenido como constante los elementos de provocación. El arte religioso medieval europeo, el dadaísmo, la nouvelle vague, el cine quinqui… Todas las corrientes de expresión artística, por muy diversas que hayan sido sus técnicas y temáticas, han servido para provocar debates y controversias en relación con preceptos morales, situaciones o personalidades de su época.

Pretender censurar ciertos discursos a través de la censura de determinado contenido artístico en lugar de “atacar” directamente los fundamentos filosóficos, políticos, sociológicos o legales de ese mismo discurso es, además de una desviación de las supuestas medidas de resistencia que se estarían deseando aplicar, una forma de “victimizar” a los propulsores y el ideario del discurso que consideramos nocivo, pudiendo incluso llegar a servir como una forma de altavoz de susodicho contenido. En este punto, me gustaría remontarme de nuevo a la historia con la que comienza este artículo, la del Zapata Gay. Si la familia del líder revolucionario Zapata quería que esa “burrada” no manchase el nombre de su antecesor, a lo mejor hubiera sido más inteligente dejarlo estar, seguro que de esta manera el cuadro (y consecuentemente la ofensa que para la familia suponía) no hubiera adquirido la trascendencia y popularidad nacional e internacional de la que disfruta en la actualidad. A este respecto, en febrero de 2019, la nueva directora de la prestigiosa Feria ARCO Madrid, Maribel López, afirmaba en una entrevista al diario “El Periódico” que los casos de polémica en torno a las obras expuestas por parte de las distintas galerías, así como la posterior censura de alguna de ellas (el caso de “Presos Políticos en la España contemporánea” de Santiago Sierra), han sido producidos por la atención desmedida que los grandes medios de comunicación han fijado sobre susodichas obras, puesto que, en su opinión, el público de la feria “ve las obras y sigue”, descartándose el revuelo y la polémica que sí que es suscitada a posteriori por los medios de comunicación. Las voces que clamaban contra la obra de Santiago Sierra por considerar que hacía “propaganda de la narrativa independentista” fueron los que llevaron esta cuestión a la portada de los medios generalista de comunicación, los que hicieron la propaganda.

Fuente: The New York Times, imagen de “Presos Políticos en la España contemporánea” de Santiago Sierra

Para concluir, me gustaría recordar una cita mencionada por Fulvio Fernández Muñoz, quien afirmaba que “el Arte se relaciona con la sociedad en cuanto la observa, analiza y construye para ella unos lenguajes que la muestran en sus aspectos constitutivos relevantes”. El Arte refleja lo que de facto ya existe en la sociedad, por lo que, si algo nos molesta cuando contemplamos una obra de arte, ¿es responsabilidad de la pieza?

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