Tierra, mujer y libertad. Entrevista con María Sánchez

Esas frutas llevan el olor de mi abuela, su nombre, su origen. (…) Como el venero, recordándonos una y otra vez el origen, la raíz, el comienzo. Como ls semillas que siempre se guardan, como un rito, como una forma de recordar una y otra vez de dónde venimos y a dónde deberíamos ir (Tierra de mujeres). María Sánchez es veterinaria de campo y escritora. Haciendo defensa de la voz propia del campo, María Sánchez ha publicado obras como su último ensayo, Tierra de mujeres, o su poemario, Cuadernos de campo. Actualmente, sigue inmersa en futuros proyectos. Además, ha trabajado para distintos medios, como Carne Cruda, donde nos acerca las voces del rural y las mujeres que trabajan en él.

En Tierra de mujeres insistes en la importancia del diálogo entre la ciudad y el campo. Leyendo esto pensé como en Madrid en ciertos barrios, en los Centros Sociales tratan de crear unos lazos comunitarios, ¿se podría ver como introducir los valores del campo, en cuanto a vecindad o comunidad, en las urbes?

No es que se introduzcan los valores del campo.  Es que yo creo que se dan varias cosas: una es que no nos gusta la vida que llevamos, esta inmediatez, este individualismo al que nos están condenando en las grandes ciudades. Entonces, surgen iniciativas que a primera vista te puede producir gracia, como cuento en el libro, porque claro estás acostumbrado a verlo eso en tu día a día en el pueblo. Pero si surge esa necesidad es porque se necesitan de verdad y es urgente. Entonces, yo creo que hay que cambiar la forma de mirar y sí mirar más a nuestros pueblos. Yo creo que es súper importante crear lazos comunitarios en un pueblo, en una comunidad. Porque lo que pasa mal en una ciudad, también pasa en los pueblos. O sea, es que en los pueblos no se vive de forma diferente: la gente en los pueblos usa WhatsApp, le gusta ir al cine, ¿sabes? Entonces, creo que debemos de cambiar un poco qué tipo de vida, de relaciones y de comunidad queremos. Yo reivindico mucho lo colectivo y cualquier iniciativa que lo ponga en valor pues para mí es maravilloso.

En el libro denuncias un dato alarmante: “el porcentaje de mujeres ocupadas en el sector de «ganadería, silvicultura y pesca» fue del 2,2 % del total de las mujeres oficialmente ocupadas en la España rural”. Preocupante en la medida en que esta estadística no tiene en cuenta las labores de cuidados ¿Por qué es importante una pedagogía en economía feminista y ecológica?

No tiene en cuenta, primero, las labores ni los cuidados, las labores de la tierra porque ellas nunca no son titulares y cuando han trabajado, como no han estado contratadas ni son titulares no han cotizado en ningún momento de su vida. Entonces, hace poco salió una noticia de muchísimas mujeres que han estado toda la vida trabajando en el paro y no van a cobrar absolutamente nada de pensión. Me parece un horror.

Es importante porque creo debemos de poner en valor los cuidados. Insisto, los cuidados no es algo exclusivamente de la mujer. Pero sí deberíamos de poner en valor la igualdad y otra forma de hacer las cosas. Creo que ahí apunta muy bien el eco-feminismo y todo lo que dicen pensadoras como Vandana Shiva o Yayo Herrero de poner la vida en el centro. Vuelvo a esa expresión de “cambiar la forma de mirar” y sobre todo ahora en tiempos de colapso climático en el que tenemos que volver a la tierra y quizás las cosas que hacían nuestras abuelas y nuestros abuelos no estaban tan mal. Tenemos que replantearnos muchas cosas.

En tu libro dedicas los últimos capítulos a las historias de las mujeres de tu familia. Hablas sobre la importancia de la voz propia del campo. Libros como el tuyo o películas como O que arde, ¿hay esperanzas para crear una nueva narrativa del campo, “ser altavoz” como apuntas en tu blog?

El problema ha sido quién tenía los altavoces y quién tenía los espacios y las plataformas. La realidad, aunque no nos guste que sea así de duro, la mayoría de los libros que se han escrito sobre lo rural,  se han escrito desde las ciudades por hombres de clase media de ciudad que iban al campo a pasear o a disfrutar. Yo en toda las entrevistas siempre le pregunto a la gente: “dime alguna escritora rural de la edad de Miguel Delibes o de Julio Llamazares”. A día de hoy, todavía nadie me ha dicho ninguna. Por qué esas mujeres no escribieron, por qué no hay una narrativa propiamente dicha desde los pueblos y desde los rurales. Pues esas son las cuestiones que lanzo.

También está el tema del cómo se nos ha inculcado que el pueblo era una vergüenza, que el que se quedaba no servía para nada. Quién iba a escribir sobre eso cuando era lo último que quería alguien. Tenía que ir la ciudad, desde la ciudad a escribirnos y siempre desde la cabaña de Walden, idealización, bucolismo o somos los Santos Inocentes, somos unos muertos de hambre, unos analfabetos. Bueno, el documental de Las Hurdes, tierra sin pan (1993. Dir. Luís Buñuel). Yo hay algo que siempre digo, en la periferia de Madrid, de las grandes ciudades, ¿no había hambre y miseria? O solo existía en los pueblos. Es un poco eso, quién ha tenido el micrófono y quién ha tenido el espacio y los privilegios.

Hablando con Rafael Navarro de Castro, que publicó La tierra desnuda, en “La noche de los libros” fue guay porque salió el tema de los libros que nos gustaban de lo rural y llegamos a la idea de que todos los libros que tocan el tema rural de estos años, por ejemplo: Julio Llamazares, La lluvia amarilla, el hombre se vuelve loco, la tía se suicida; Los Santos Inocentes: asesinato, traición, odio… La familia Pascual Duarte; son todos valores negativos. Entonces, creo que deberíamos reivindicarnos por qué siempre se ha escrito desde ese sitio. Y tampoco es cuestión de idealizar a los pueblos porque también pasan cosas malas como en todos lados. La cuestión es no siempre contar las cosas malas de nuestros pueblos.   

“Las palabas desconocidas despiertan preguntas a los suyos, nuevos nombres, antiguos recuerdos. Rescatan el vínculo y consiguen traer a la superficie un nuevo idioma sobre el empezar a trabajar” escribes en Tierra de mujeres sobre la importancia de no dejar perder el enorme vocabulario del mundo rural. Actualmente, andas trabajando en un proyecto, Almáciga, donde tratas de recuperar todas estas palabras y expresiones. Cuéntanos cómo va el proyecto, en qué consiste con más detalle.

Almáciga es un libro que va a salir publicado en mayo con ilustraciones de Cristina Jiménez en la editorial GeoPlaneta. Lleva varios años que es un semillero abierto que yo siempre llevo un cuadernito y voy recogiendo palabras y la gente con la que trabajo pues me suele recoger palabras. Nace de cómo gente con la que trabajas, con la que vives, incluso tu familia, llega un momento que hablan unas palabras que tú ya no  conoces, que desconoces el significado, que nunca te has parado a  preguntar qué pasan y de repente piensas: “hostias, pues el día que muera mi abuela o muera mi tío no volveré a escuchar esas palabras”. Porque claro, ahí me puse a buscar en el diccionario y descubrí que muchas de estas palabras ni siquiera aparecían en el Diccionario Real de la Academia Española, y si aparecían tenían un significado totalmente diferente al del rural.

Uso la palabra “almáciga” para el proyecto porque almáciga es el sitio del huerto donde tú haces germinar las semillas y que cojan fuerza antes de transplantarlas definitivamente a la huerta. Entonces, me gusta ver esa palabra como si sinónimo de un lazareto, un sitio donde se puedan recuperar, coger fuerza y compartirlas, darles vida de nuevo. La idea es que además del libro, estoy preparando una página web porque quiero que sea eso, un semillero abierto, continuo, un diccionario vivo y quiero que haya vídeos de la gente hablando, ya no solo la palabra, sino la lengua viva, el acento que para mí es súper importante y todas las lenguas del territorio, sean reconocidas o no.

Deciden volvernos mudos. Que no suene nuestra voz. Que nuestra boca y nuestras manos se conviertan en elementos inútiles, sin palabras que acompañen sus propios movimientos. Niegan la luz y el alimento a nuestra propia lengua.

Tierra de mujeres.

El joven youtuber balear, Miquel Montoro, se hizo viral por un vídeo suyo y poco tiempo después era invitado al programa de televisión, La Resistencia. Fuera del contenido de broma, vimos a un Miquel Montoro con una profunda conciencia del campo y su trabajo. Respecto a los medios generalistas, ¿no tienen una visión un tanto injusta del campo, en la medida que solo parecen hablar del campo a modo de show (la persona de campo representada como lo raro, lo ajeno) o para mostrar siempre situaciones catastróficas (incendios, sequías…)? ¿No falta más diversidad informativa en materia de lo rural?

Por supuesto, esto te contesta un poco con la literatura pero se extrapola a los medios, sobre todo a los medios nacionales, a los grandes medios. Los periódicos locales y de provincia no suelen ser así. Somos los exótico, lo extraterrestre, nos tiene fijada en una postal simple y plana. De hecho, a mí me han querido con el libro querían grabarme en situaciones que no es mi día a día y cosas de veterinaria. Cosa que yo me he negado porque me niego a ser parte del show.

Compañeras mías ganaderas, las ganaderas de Cataluña por ejemplo, me contaron de alguna vez le ha ido a grabar la tele y tienen un sala de ordeño: “no pero ordeña a mano”. Vamos a ver, yo tengo una sala de ordeño y gracias a eso, tengo vida y puedo criar a mis hijos y puedo tener consideración familiar. Otro compañero que fue a grabarle también un programa de televisión le decía que usaran el hacha para cortar leña. Y otra vez, «pero vamos a ver que tengo una motosierra, ¿por qué tengo que hacer algo que no soy yo?» Es eso, somos lo gracioso, somos lo ignorante, lo cateto, lo bruto y nada más hay que ver las noticias.

Me repito mucho porque lo he contando en muchas entrevistas pero sacan titulares horribles cuando son noticias relacionadas al rural que ni por asomo sacaríamos si pasaran en el urbano.  Me duele hasta la boca de decirlo pero uno de los grandes periódicos de este país sacó hace tres años un titular que era: “Terror rural en Galicia”. O sea, ¿nos encontraríamos alguna vez en un periódico abriendo portada: “Terror urbano en Madrid”? Lo dudo.

Durante la pasada campaña electoral, los líderes políticos se jactaban de hablar de la “España vacía” ¿No caen en saco roto sus promesas? ¿Existe cierto paternalismo hacia el campo por parte de los políticos?

Sí bueno, siempre pasa. Ahora se ha hablado pero no hay ninguna campaña política en la que los políticos no vayan y se suban a un carro, cojan un cordero en brazos, vayan a las fiestas del pueblo… No es nada nuevo. Paternalismo siempre hay, incluso clasismo. Lo que pasa es que la gente del campo está muy cansada porque parece que se hace política para otros y no para ellos. Yo de hecho, cuando trabajaba con los cabreros ordeñando me lo decían. Pues yo hablaba mucho de estas cosas, les preguntaba, quería saber a quién votaban o qué opinaban y decían: “si da igual a quien votes, si yo voy a seguir aquí igual con mis problemas que nadie me va a resolver la vida ni nadie me va ayudar”. Porque somos un sector muy maltratado, muy abandonado por la administración. Ya te digo, parece que nos quieren echar del campo porque, en vez de ayudar, se nos ponen trabas. No hay precio justo. Insisto, yo hablo desde una ganadería extensiva y unas producciones sostenibles que creo que es lo que debemos fomentar. Sobre todo, desde las razas en peligro de extinción, que el 80% de nuestras razas autóctonas en España están en peligro de extinción y ahí están, que son cultura, patrimonio, recursos genéticos que vamos a perder. Quién nos dice que no lo vamos a necesitar en unos años.

Estamos asistiendo a las reivindicaciones laborales de nuestro campo. Apuntan que gran parte del problema reside en los costes en la producción y la posterior distribución. Respecto a nosotros como consumidores, ¿existe cierto distanciamiento entre las personas y los productos que consumen? Es decir, ¿la ciudadanía no es capaz de valorar un buen producto agrícola o ganadero porque desconoce el proceso de trabajo y condiciones que lleva detrás?

Yo estoy un poco cansada de culpabilizar a los consumidores porque hay mucha gente que sí le gustaría consumir productos de los que tú dices con valor. Ya no solo el producto, sino la tierra donde se ha hecho, la raza, las condiciones laborales…O sea todo, productos con trazabilidad sostenible. El problema es que no los conocen porque no están a su mano, no llegan a los supermercados. Es un poco injusto porque yo soy de las que piensan que con el carro de la compra haces política. También yo me siento una privilegiada, porque yo tengo acceso a  esos productos y los conozco más de forma directa. Pero tú vas a un mercado o pienso en la gente que es precaria, que no tiene dinero, una familia que tiene que salir adelante y tira de lo primero que ve y que aparte no puede elegir. Ya te digo, a mí la rabia que me da es todos los productos que tenemos y todo el territorio que tenemos e ir al supermercado y ver leche de Francia o Alemania. A mí esas cosas me revientan, es que no las entiendo. Entonces, yo creo que tienen que hacer las tareas los de arriba y también hay que ayudar a conocer a la gente.

Yo con la frase de “lo que no se nombra, no existe” es que si los niños no saben los animales que tenemos, las razas, los parques naturales, las semillas, todo el territorio, la naturaleza, la diversidad… Cómo van a proteger esos espacios, consumiendo esos productos si no los conocen. Entonces, creo que educación es fundamental y sobre todo yo reivindico el tema de las etiquetas. Es fundamental que los productos nos contaran: cuánto ha viajado ese alimento, cuánto le han pagado a la persona que ha estado trabajando. Véase el caso de las fresas en Huelva o los invernaderos en El Ejido, son alimentos que yo no consumo, pueden ser ecológicos, porque sé lo que hay detrás, cómo han estado trabajando la gente que han estado en estos sitios. Creo que debería de haber transparencia y trazabilidad. Una mayor ayuda que todos estos productos lleguen a los sitios, fomentar las producciones locales y ese consumo que siempre hablamos de “kilómetro cero”, que también es low food.

Aquí estamos para ser rebaño. Un rebaño infinito y diverso.


Para cosirar las unas de las otras.
Porque ya estamos hartas de que digan de que nuestra tierra está vacía, hay muchas manos invisibles de mujeres que lo mantuvieron y lo mantienen vivo.

Manifiesto: Por un feminismo de hermanas de tierra. Lucía López Marco y María Sánchez.

Hablas sobre lo importancia de entender los diferentes ritmos entre campo y ciudad, que las conquistas feministas en uno y en otro ámbito son distintas pero igualmente celebrables. En Notas de campo para Carne Cruda sacas a relucir las distintas iniciativas llevadas por mujeres del campo, ¿has notado si se ha hecho más eco de la mujer en el ámbito rural? ¿Está consiguiendo el feminismo a nivel nacional incorporar las distintas voces?

Ya no estoy en Notas de campo, esta temporada nueva no empecé. Estoy preparando un podcast con una compañera mía veterinaria que es Lucía López Marcos, que estamos preparando el nuevo Manifiesto de la mujeres rurales para el 8M. Y sí se está haciendo más eco, ya te digo, cuando las cosas se ponen de moda tienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Lo bueno es que con este boom estamos leyendo historias de muchas mujeres rurales, contando ellas sus historias en los medios. Y sí, se está teniendo en cuenta. Yo soy optimista, por ejemplo, a mí me invitan a muchas más cosas que a lo mejor hace dos años no me invitaban. Me tienen en cuenta, me piden mi opinión e incluso de periódicos: “oye, vamos a sacar esta noticia, ¿qué te parece?” porque está relacionado con el rural. Creo que es fundamental, tenemos que ayudarnos las unas a las otras y acompañarnos. Creo que eso es genial. También para ellos, hay que entender, sentarse a escuchar a otras personas. No puede ser un feminismo cortado igual para todas porque una vive en un sitio, tiene unas circunstancias, viene de un lugar. A mí hay una frase que se me quedó grabada con el tema de las temporeras de Huelva y una de ellas dijo: “lo que no puede ser, es que vengan las feministas de Madrid a decirnos cómo tenemos que hacer nosotras nuestro feminismo”. Creo que se puedan hacer las cosan sin ser condescendiente ni caer en el paternalismo. Sobre todo acompañar, siempre acompañar y poner una mano en el hombro a estas mujeres.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: