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Crítica. «Larga vida y prosperidad»

Cuando entré en el cine pensé que me iba a encontrar una película con un guion tirando a flojo, pero con una fotografía cuyo nivel artístico iba a ser de una calidad más que decente. Se apagaron las luces y el proyector empezó a iluminar ese mágico espacio en blanco que poco a poco se llenaba de imágenes en movimiento. Me sorprendió que la gama cromática evocara tan bien a los colores de la flota estelar y de las secciones de la Enterprise así que yo, aniñado por los recuerdos que me traía, por un segundo vislumbré las aventuras que viví junto a esos azules y a esos rojos.

La sorpresa me llegó cuando empezó la historia. Una chica “friki” con autismo frente a un mundo mucho más grande de lo que ella llega a atisbar. Pronto me di cuenta de que mi cabeza no estaba pensando en “vaya, una chica a la que le gusta Star Trek”. Supongo que al no darle esa importancia cósmica, fue un ejercicio de inclusión que se alejaba del politiqueo y se centraba en contarnos una historia que le ocurre a una persona, con sus problemas y sus virtudes, algo mucho más bello, dulce y carismático. Así que tras una introducción que desarrolla lo suficiente el personaje y sus características psicológicas, Wendy se embarca en un viaje arquetípico del héroe. Lo especial de este viaje es que no se trata como tal, no es la épica narrativa de una mujer que con autismo consigue todo lo que se propone, ni tampoco es la historia de una pobre niña que pasa penurias en su largo viaje a través de EEUU. Su empoderamiento reside en su cotidianidad, en que no todo sale como queremos, en que a veces necesitamos ayuda, y que incluso en las noches más agobiantes y oscuras necesitamos que alguien nos sople y nos traiga el guion que llevamos escribiendo meses.

Podría decir que es un canto al frikismo, que glorifica Star Trek y al fandom, pero no lo creo. Si eres trekkie entenderás algunas referencias más que si no lo eres, pero esta película va más allá de un nicho concreto. Esta película habla sobre relaciones, sobre cómo una chica que solo parece una niña asustada que ha perdido a su perro puede en realidad llevar días luchando por llegar al destino que le dará la gloria. Y todo esto se resume en una escena. Es cuando el policía encuentra a Wendy y empieza a hablar en klingon con ella, el momento en el que se da una especie de clímax emocional. Poco a poco, dos personas que  no son importantes, que ni siquiera saben de su mutua existencia, se encuentran y hablan de algo que solo ellos conocen, de algo que les une. De algo que es especial, que para ellos ha sido un ejemplo a seguir, una luz entre tanta oscuridad, un bastón para poder avanzar. Y entonces, y solo entonces pasa algo maravilloso, pues esa chica asustada confía en alguien y le reconoce como un igual, porque comparten parte del mismo corazón.

Puede que me haya tocado tanto la fibra sensible porque soy  como ellos, y les entiendo. Entiendo esa complicidad emocional que une a los frikis, pero creo que se puede extrapolar a muchas de las relaciones sociales que establecemos con gente que tiene nuestros mismos gustos. Y ya me despido, especialmente de aquellos trekkies a los que tanto cariño tengo y sin los cuales, esta película no habría sido posible: Heghlu’meH QaQ jajvam.

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