La última batalla

En los últimos años hemos asistido a una caza de brujas que ha salpicado al mundo de la música, del arte, de la comedia, de la televisión… En definitiva, al mundo de la cultura. El buen o mal gusto se ha confundido con la legalidad y se ha transformado en una batalla, que ya no se mide por la aceptación del público. Esta batalla no se ha librado en exposiciones o conciertos, sino que se ha librado en juzgados. La contracultura se ha combatido a golpe de toga y resolución judicial. Ahora se habla mucho de los límites del humor… cuando quizás se debería de estar hablando de aquellos que quieren limitar la libertad de expresión.

Son malos tiempos para la libertad de expresión en España. ¿Exagero? Veamos…Los raperos ValtonycPablo Hasel y La Insurgencia, los cómicos Dani Mateo y Facu Díaz, los tweets de Cassandra Vera, Rommy Arce, Guillermo Zapata y Cesar Strawberry, el secuestro del libro Fariña, los titiriteros, la obra ‘Presos políticos en la España contemporánea’ de la feria ARCO, el chiste de El Jueves, la Operación Araña, el “coño insumiso”, Mongolia, Willy Toledo y su “me cago en Dios” y el “¡Policías, sois unos hijos de puta!” de Evaristo Páramos

Hoy por hoy parece que el aire que se respira está contaminado con cierto desánimo, y que la autocensura sobrevuela las cabezas de periodistas, actores, cómicos y músicos, pero todo apunta a que la intención desde la parte contestataria y rebelde de la creación artística es la de no agachar la cabeza. O eso parece querernos decir el antes citado Evaristo Páramos, con el tweet con el que ha anunciado la vuelta de la mítica banda de punk que surfeó la ola del Rock Radical Vasco tratando de ir mucho más allá que la Movida Madrileña.

Y yo que estaba muerto me he levantado. La última batalla me está esperando.#LaPollaRecordspic.twitter.com/2PoL2cw5gL

— La Polla Records Oficial (@La_PollaRecords) February 20, 2019

Además de anunciar una vuelta inesperada y celebrada para sus fans (¡AMÉN, AMÉN… AMÉEEEEN!), desatar las especulaciones sobre un hipotético nuevo álbum después de 16 años y poner negro sobre blanco una fecha de concierto el 19 de Octubre en el BEC, Evaristo nos hace mirar atrás y caer en uno de los tópicos más manidos de la historia, ese irritante “antes se vivía mejor” que hoy quiero aplicar única y exclusivamente al tema de la libertad de expresión. La década de los ochenta fue la época de programas televisivos brillantes y subversivos como “La Bola de Cristal”, de la música combativa de la propia Polla, Eskorbuto, y Kortatu, y de la ruptura (más light) con el régimen por parte de la juventud que supuso la Movida Madrileña en todos los ámbitos de la cultura. Esta ola llegó hasta la política con frases que pasaron a la historia como la mítica «¡Rockeros: ¡el que no esté colocado, que se coloque… y al loro!» del alcalde socialista Tierno Galván. En la época de los GAL, del VIH, de la heroína y de ETA nadie se hubiese imaginado que al bueno de Evaristo lo hubiesen detenido por insultar a la policía en uno de sus conciertos. Tampoco que a un hipotético Dani Mateo lo llamasen a declarar por echar el mocarro en la bandera constitucional.

Estamos en un momento histórico de involución y de repliegue en lo que a libertad de expresión se refiere, es la famosa reacción que precede a la acción. En la era de la “postmordaza”, los símbolos nacionales, la monarquía, la religión y otros elementos se han atrincherado entorno a un blindaje jurídico y moral que ni con ETA se vio necesario. No hace falta recordar que esta “dictadura” de lo políticamente correcto es desigual. Se deja caer sobre la izquierda, porque es una respuesta política al cuestionamiento de los grandes mitos que sostienen “su” España. Se suele decir que a la derecha le faltan cómicos, le falta sátira, ese gamberrismo irónico que caracteriza a la izquierda, pero es que es muy difícil entrar en un espacio que ya okupan supuestos profesionales de la información como Jiménez Losantos, Álvaro Ojeda, Arcadi Espada, Inda y cía. Nos costará más ver a estos bufones del odio declarando ante la Audiencia Nacional, ya pidan bombardear Cataluña, disparar a los del coletas o hacer una criba de niños con Síndrome de Down. Al fin y al cabo, Alfon sigue comiendo prisión, y el Pequeño Nicolás está en libertad, montando un partido de millennials para presentarse a las europeas. 

Esta situación se ve acentuada, o deformada, por el poder errático de las redes sociales. Las redes sociales y las nuevas tecnologías son un arma de doble filo que han dado lugar a movimientos como el 15-M y el #MeToo pero que han llevado hasta los jueces a cómicos, músicos y artistas. Sin embargo, no pretendo ser apocalíptico, sino remarcar la importancia del momento. Hace unos días el Rey Felipe visitaba la nueva feria de ARCO y pasaba a escasos metros de un “ninot” de 4 metros de él mismo valorado en 200.000€ cuya compra implica el compromiso de quemarlo en un año. Valtonyc continúa un goteo constante de canciones desde su exilio, la última unos versos en el último disco del grupo Lagrimas de Sangre en el que canta: “Ens veurem aviat, en libertad al vostre país”. La serie Fariña esquivó el secuestro de su libro y fue todo un éxito internacional, y se consume por todo el mundo a través de Netflix. Y ahora Evaristo Páramos vuelve con La Polla Records y dice que la última batalla le está esperando, “y yo que estaba muerto”, dice. ¿O no lo estaba? ¿O no lo estábamos?.

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