Las subalternas

“Decide lo que como, vigila mi nación, regula el consumo de toda la población; lee lo que escribo, escucha lo que digo, permanentemente está mirando lo que miro. Castiga mi accionar, moraliza mi existencia”. Quién mejor que Sara Hebe -rapera argentina- para retratar la situación de la mujer racializada. Confío vehementemente en el poder del rap como medio de protesta social, y en este caso, la crítica de esta rapera -en mi opinión- es bastante ilustrativa. En su canción, Sara arremete contra la policía, que “vigila, escucha, castiga y moraliza”, pero ¿acaso no somos nosotros, en nuestra esforzada y todopoderosa Europa occidental, quienes vigilamos, escuchamos castigamos y moralizamos? 

Acerca del término racializado -sobre el que intentaré evitar todo lo posible cualquier tipo de actitud paternalista y condescendiente por mi parte-, esto es lo que nuestras compañeras racializadas de Madrid escribieron el pasado 8M:

Persona racializada: no es una categoría que defina a las personas por sus rasgos físicos en relación a su lugar de origen, sino una manera de referirnos a los cuerpos que sufren la violencia racista que puede partir de las instituciones y los estados, así como de la sociedad como tal y la forma de relacionarnos. Va más allá del fenotipo, incluye también el acento, idioma, la religión y las costumbres. Todo ello hará que un cuerpo racializado esté en distinta posición que el de un cuerpo blanco.

●  Persona blanca: no solamente se refiere a la definición de una persona por su color de piel sino como sujeto político que se beneficia del sistema supremacista colonial tanto económica, social y culturalmente en el que se sustenta el racismo. Entendemos que tiene unos privilegios por encima del sujeto racializado. Como por ejemplo no sufrir las trabas burocráticas de la ley de extranjeria, no sufrir discriminación racial en las aulas, o simplemente tener papeles.

●  Feminismo blanco: es un término que usamos para referirnos al modelo feminista hegemónico que tiene en cuenta únicamente los intereses de una parte de las mujeres, que desde sus privilegios crean una «cortina de humo» haciendo invisibles las necesidades y los derechos de otras mujeres menos privilegiadas. Muchas veces sin tener en cuenta disidencias de género, saliéndose éstas del modelo binarista colonial, personas neurodivergentes, discapacitadas y trabajadoras sexuales.

Hace unos días, Lucas, un compañero de clase racializado le preguntaba a la profesora por qué solamente había un autor no-blanco en el programa de la asignatura. La respuesta de la profesora -además de unas risas por parte de algunos compañeros- fue “bueno, ya hemos metido mujeres en el programa”. Eso es el privilegio blanco. Las mujeres racializadas a las que hemos eliminado no sólo de nuestros libros de texto o de nuestras clases, sino de las reivindicaciones feministas que hacemos desde Europa occidental, no sólo “sufren la desgracia” de ser mujeres, sino que además son no blancas y, en la mayoría de los casos, también pobres. Desde que un señor alemán convencido de poseer la verdad absoluta llamado Goethe introdujo en el ámbito teórico el concepto de “literatura mundial” (Weltliteratur) para defender y justificar la supremacía europea (pues para él “mundial” significa “Europa”, qué sorpresa), son muchos los autores que han matizado, contradicho o directamente rebatido este concepto, todos ellos señores blancos europeos bien acomodados. Es en el siglo XX cuando surgen, por fin, lo que conocemos como estudios poscoloniales, esto es, un conjunto de teorías que quieren romper con este dominio blanco-europeo del ámbito teórico (y por ende también práctico) para dar voz a las subalternas. En palabras de Gayatri Spivak “Si en el contexto de la producción colonial el individuo subalterno no tiene historia y no puede hablar, cuando ese individuo subalterno es una mujer su destino se encuentra todavía más profundamente a oscuras”. Esta teórica, en ¿Puede hablar el sujeto subalterno? defiende no solamente a la mujer como sujeto político, sino a la mujer como sujeto político en un contexto de dominación colonial y cultural que se ha prolongado hasta nuestros días. Antes de estas nuevas teorías, nos dice Spivak, intelectuales como Marx o Foucault habían defendido la significación como sujeto político del pobre, así como toda una tradición feminista encargada de empoderar a la mujer. Sin embargo, ninguno de estos intelectuales, ninguna de estas teorías tiene en cuenta el pequeño detalle de lo que implica la supremacía blanca, sobre todo cuando eres mujer: “la “figura” de la mujer, es decir: la relación entre la mujer y el silencio puede ser urdida por la misma mujer, las diferencias de clase y las diferencias étnicas se hallan subsumidas bajo el mismo dictamen”. Gayatri Spivak pone sobre la mesa la figura de la mujer construida mediante un proceso de enculturación, pero también y sobre todo mediante la dominación del otro, lugar que ocupa no sólo el hombre, sino la raza y, por supuesto, también la clase.

En resumen, lo que intuyo que Spivak nos está intentando decir es que abandonemos nuestra perspectiva eurocentrista y paternalista del mundo (“mundo” que hoy en día concebimos de una manera no muy diferente a la de aquel señor llamado Goethe) y demos voz a la mujer no blanca y pobre, a todo aquello que desde occidente llamamos “Tercer Mundo” (he aquí un ejemplo de la importancia del lenguaje y de los conceptos que utilizamos en el día a día sin darnos cuenta de su carga significativa).

Estas nuevas teorías poscoloniales se extienden cada vez más por los ámbitos teóricos y artísticos, es hora de incorporarlas también a nuestra perspectiva feminista del mundo, ahora sí, un mundo con distintas sociedades y perspectivas que van más allá de nuestras reivindicaciones como mujeres occidentales y que han de estar estrechamente unidas con el problema de la raza y de la clase. Es hora de abandonar esa “habitación propia” de la que nos hablaba Virginia Woolf para escuchar a las subalternas y posicionarnos como sus compañeras para dejar de castigar, accionar y moralizar su existencia.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Crea tu sitio web con WordPress.com
Comenzar
A %d blogueros les gusta esto: