El perreo es un arma cargada de futuro

A lo mejor os ha ocurrido algo parecido: me encuentro con mi padre, escuchando la radio en el coche. De repente, comienza a sonar un tema de reggaetón: “menudo temazo” pienso para mis adentros. A la par, veo a mi padre refunfuñar que qué cojones es esto, que si esto es una mierda o que si esto no es música. “Perdónalo señor [Daddy Yankee] porque no sabe lo que dice”. No le juzgo, cosas de boomer pero, ¿por qué este odio hacia el reggaetón?

Breve historia del reggaetón

Quizás lo que falta es un poco de perspectiva histórica. El reggaetón nace en Puerto Rico en la década de los 90 como una fusión de la vorágine cultural-musical de la Isla: el hip-hop, el reggae y los ritmos caribeño. No es casual que estos géneros se toquen, al fin de al cabo, son sonidos que tienen sus raíces históricas en un elemento común, la de pueblos sometidos al esclavismo y la colonización. Porque si el reggae es el sonido heredero de aquellos esclavos subsaharianos obligados a venir al Nuevo Continente; el hip-hop fue la expresión última de esta comunidad, convirtiéndose en el altavoz de las protestas de la comunidad afroamericana en Estados Unidos. Por tanto, hablamos de una música que nace en los márgenes de la sociedad. Así el reggaetón comenzó a sonar en los barrios marginales de Puerto Rico. Sus letras que versaban sobre lo sexual y la delincuencia generó la repulsa de las clases más pudientes. De hecho, el propio Estado durante un tiempo trató de frenar el fenómeno a través de la censura porque supuestamente incitaba a la violencia. Ocurrió el Efecto Streisand, basta querer subliminar algo para que acabe triunfando.

En palabras del propio Daddy Yankee: “Como pionero que soy, creo que puedo hablar sobre eso, sobre cómo el gobierno trató de pararnos, sobre cómo personas de otros estratos sociales (…) miraban por encima del hombro a los jóvenes de los barrios, subestimándonos y viéndonos como marginados”[1].

De esto último, podemos extraer dos ideas fundamentales sobre el porqué rechazan el reggaetón: clasismo y racismo. El alegato de que el estilo incitaba a la violencia, como si la música tuviera esa capacidad, enmascaraba el elemento racial: la violencia y delincuencia  estaban asociadas a la comunidad negra. También la cuestión de clase, la popularización de un género venido desde la marginalidad implicaba meter en nuestras casas tal marginalidad. Es decir, ahora los hijos de la clase media escuchaban y bailaban canciones que versaban sobre la vida de estos barrios. Ya se sabe, la clase media teme la pauperización, la quiere lejos porque la puede tener más cerca de lo que cree.

Fotograma del videoclip: Tusa de Karol G.

Fechamos el 2004 como el año del boom del reggaetón, en este año Daddy Yankee lanzaba su álbum Barrio fino, donde se incluyó el exitoso tema, La gasolina. Así, el género comenzaba a “prendar los motores” de la industria musical. La epidemia reggeatonera no solo se expandió por los países hispanohablantes – incluido, claro está, el buen recibimiento que tuvo en España – sino también, la conquista del mercado estadounidense. Esto último no es casualidad, en torno a 41 millones de estadounidenses hablan español, teniendo su origen en la oleada de inmigrantes venidos de toda Latinoamérica.  Es significativo que figuras como Becky G, una de las ultimas divas de la música latina, nacida en California y siendo una cantante estadounidense remplazase el inglés por el español para triunfar en la industria. El reggaetón es un fenómeno global porque ha sido capaz de inyectarse en el mercado estadounidense, que es en si, el mayor proveedor de cultura del mundo. Drake cantando en español junto a Bad Bunny ¿Acaso la canción MIA no es la mayor conquista del mundo hispanoparlante sobre el anglosajón?

El perreo como forma de protesta

La izquierda anduvo despistada durante un tiempo, en esa manía suya de ser el regidor de cuál debe ser la moral correcta. Ya sea por sus letras hipersexualizdas, ya sea porque no tenía compromiso social, ya sea por lo que fuese, no encontró el sentido del género. El clásico argumento esgrimido de que sus letras eran machistas, como si el resto de la música no lo fuese – véase Every breath you take de The Police que oculta una relación posesiva o Carolina de M-Clan sobre la relación con una menor. Quizás se fue más severo con el reggaetón por esa explicitud en sus contenidos. El problema, que más allá de señalar al reggaetón, no hubo una crítica más profunda a la industria musical. No es que el reggaetón sea machista per se, sino que el reggaetón como expresión cultural refleja todos los males de una sociedad machista.

Al fin de al cabo, solo hay que pasearse por cualquier barrio, ¿qué suena en discoteca y fiestas de pueblo? ¿Qué canta y baila la gente? Tras este lapsus, la izquierda supo entender el carácter popular del reggaetón. Porque no hay nada más paradójico  que apelar al pueblo, si justamente despreciamos lo que le gusta al pueblo – al igual que ocurre con el fútbol, que cierto elitismo de izquierda lo ha tachado de burdo y alienante, cuando pocas cosas han tenido más esencia popular que el balompié. Así, desde la izquierda se  tomó el reggaetón para hacer una resignificación de sus contenidos: Calle 13 se convirtió en uno de los grupos más laureados del mundo, haciendo uso de ritmos latinos pero con una fuerte carga política en sus letras. Podemos debatir si es un pequeño triunfo de la izquierda que los pijos madrileños canten y bailen Atrévete-te-te  en las discotecas cuando dice: “Que va a explotar, como fiesta patronal / Que va explotar, como palestino”. Recientemente, Residente, miembro originario de Calle 13, se alió con Bad Bunny en el tema Desahogo para criticar al gobernador de Puerto Rico, Ricardo Roselló, el cual fue criticado por sus .

Bad Gyal durante un concierto.

A su vez, el propio feminismo a partir del 8M también se ha valido del reggaetón para tejer toda una red de grupos musicales. Por ejemplo, Tremenda Jauría canta frases lapidarias como “somos feministas bailando reggaetón, no necesitamos a ningún matón”; “Flow contrapoder, reguetón o barbarie” o “Autotune para el pueblo que perrea un mundo nuevo”[2]. También la rapera argentina, Sara Hebe que en su canción, Movimiento Social “El Deseo”, canta: “Desde abajo para arriba, que se arme ahora, cumbia antifascista” creando este juego entre el paso de baile de bajar y subir el cuerpo con el de organizarse políticamente desde abajo para tomar el poder. Y es que algo de brotes feministas comienzan a verse en el panorama cultural. Una amiga hizo la observación de ver como en el videoclip de Con calma de Daddy Yankee, las figuras femeninas y masculinas aparecían igual, uniformados con chándales de colores, nada de hipersexualización, sin mayor distinción que las coreografías de la canción.

Existen diferencias notables entre un concierto/discoteca donde suena reggaetón, frente a un concierto usual del tipo grupo de rock o de rap. Si vas a ver por ejemplo a Vestusta Morla o Ayax, se espera que el público vaya allí por el artista, para apreciar y para cantar sus letras. Sin duda, no hay mayor dignificación que un público cante tus letras. Mientras, en el caso del reggaetón, da igual el concierto, de hecho es sabido que muchos hacen playback –hará un tiempo, Bad Gyal, desde un directo de Instagram, aleccionaba a sus críticos que en su show había partes en las que prefería bailar en vez de cantar, o usar autotune, porque precisamente era parte de su esencia. En este caso lo que importa es la comunión del público bailando los mismos ritmos. Un tipo de música muestra a un público rendido al artista, la otra lo revierte: el artista pasa a segundo plano para que el publico baile. Esto no es una crítica o alabanza a una u otra forma, simplemente son dos maneras diferentes de entender la música.

Tal como ocurre con el reggaetón, se puede hacer un símil con la música punk. Tanto el pogo, como el perreo son formas de baile donde todos los individuos se homogenizan: “del mismo modo que el punk rompió con la desigualdad de género (…) (el pogo como un tipo de baile que no entiende de géneros sino únicamente de fuerzas y volúmenes); el punk se convirtió de este modo en un género musical en el que las mujeres podían desexualizarse y, de modo análogo, el trap ha permitido que las artistas urbanas se reafirmen en su sexualidad y se reapropien de los descalificativos con los que los raperos se han referido de manera habitual a ellas”[3]. Esta relación entre el reggaetón-punk y el feminismo me resulta esencial, más aún para entender los espacios donde se baila. Ambos géneros, en sus particularidades, han sido espacios para la reinterpretación de los símbolos: “El punk-rock es un ejercicio a través del cual se dinamitan los códigos establecidos, especialmente los de género (…) “Ser punkarra implica forzosamente reinventar la feminidad porque se trata de estar en la calle, mendigar, vomitar cerveza, esnifar cola hasta caerse al suelo, que te atrape la policía, bailar el pogo, beber por un tubo, aprender a tocar la guitarra, llevar la cabeza rapada”[4]. El punk fue la expresión cultural de la decadencia de la izquierda frente al incipiente neoliberalismo. A día de hoy, el reggaetón o la música urbana aspiran más que ningún otro género a ser el sonido más popular de la nueva rearticulación de las izquierdas.

Llego al final de este esbozo sobre el reggaetón queriendo relucir dos ideas: por un lado, asumir que el reggaetón es uno de los ritmos generacionales (de los millenials en adelante) y no querer asumir esto, no darle su debida importancia o menospreciarlo, te puede hacer lucir como un Adorno de baratillo que quiere dictar qué es o no es cultura. Por otro lado, sé que dejo de lado una perspectiva crítica que conviene hacer: hemos hablado del contenido hipersexual, pero también es una música que refuerza ídolos  para el liberalismo basado en la cultura del individualismo y el dinero (J. Balvin, C. Tangana o Rosalía). Sin duda, material para otro artículo. Soy consciente de que cito a obras y músicos que no son puramente reggaetón pero en este cajón de sastre que es “música urbana” (rap, trap, reggaetón…) existen muchos puntos de encuentro. Sea como sea, mi padre seguirá sin entenderlo, y en el fondo me gusta, tiene algo de motor vital la pelea entre generaciones. Dicho esto:

“¡VIVA EL PERREO Y MUERTE AL TRABAJO!”.


[1] Negrón- Muntaner, F; Z. Rivera, R. (2009). Nación Reggaetón. En. Nueva Sociedad (Núm. 23). Argentina.

[2] Tremenda Jauría. (2017). Vamos sobradas. Cuentas pendientes. España: Propaganda pel fet.

[3] Castro, E. (2019). Ser o no ser feminista. EN. E, Castro, El trap: filosofía millenial para la crisis en España (pp. 165 – 219). España: Errata naturae

[4] Despentes, V. (2009). King-Kong Girl. EN. V, Despentes, Teoría King Kong (pp. 124 – 152). España: Literatura Random House


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