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La Fura dels Baus y el teatro como ritual

Todo rito, todo mito, toda creencia o figura divina refleja la experiencia de lo sagrado, y por ello mismo implica las nociones de ser, de significación y de verdad.

Mircea Eliade, 76

La Fura dels Baus es una compañía de teatro catalana fundada en la década de los 70, pionera en reinventar el espacio escénico y hacer del público una parte activa y no pasiva dentro de su obra. Sus representaciones, concebidas bajo el llamado “lenguaje furero”, se basan en la creación colectiva, la transgresión y la performance. Este año ha vuelto con MANES, una reinterpretación de una de sus obras más famosas de los 80 en los Teatros del Canal de Madrid. En MANES el público está de pie durante la representación, moviéndose por el espacio a medida que se desenvuelven a su alrededor pequeños actos teatrales acompañados de luces y música. Todo gira entorno a una temática primitivamente humana, centrándose en conceptos como el nacimiento, la muerte, la comida o el sexo. Los actores construyen estructuras y las desmontan en el mismo momento de la representación, se mezclan con el público e interactúan con él.

Yo ya era conocedora de este tipo de obras y del propio grupo de la Fura, así que cuando me enteré de que iban a venir a Madrid, no me lo pensé dos veces y quise experimentarlo en primera persona. Fui preparada y llevé chubasquero, cosa que agradecí mientras veía como se escandalizaba la gente que no sabía dónde se había metido, mientras nos salpicaban con sangre de pollo o nos caían encima trozos de comida masticada. Hoy en día el público habitual de teatro no está acostumbrado a obras tan carnales, polémicas, crudas y viscerales. Un teatro donde no existe una narrativa lineal ni mensajes claros, de obras inmersivas en las que no te puedes parar a analizar nada, simplemente correr para ponerte en primera fila y vivir la experiencia. Este tipo de teatro performático era más popular en la década de los 80, donde la Fura dels Baus podía recrearse más en la desnudez y la grosería, como en ACCIONS (1984), una obra en la que el público presenciaba cómo los actores partían un coche por la mitad a hachazos y donde salían cubiertos de sopa y pintura entre otras cosas.

Esta no ha sido la primera vez que los Teatros del Canal de Madrid han albergado en sus salas una obra tan polémica; si la Fura rompe con los elementos del espacio y el público, la obra «Mount Olympus. To Glorify the Cult of Tragedy», del director belga Jan Fabre, rompe con el tiempo escénico, ya que es una obra que dura veinticuatro horas en las que se permiten intervalos de descanso para que el público duerma en unas salas acomodadas para ello. Autodenominada como «verdadera catarsis física y mental» está basada en tragedias griegas y contiene escenas de prácticas sexuales explícitas poco convencionales.

Con estas características, es razonable que el público general no considere este tipo de representaciones como “teatrales” sino más bien como un tipo de arte conceptual más cercano a la performance que al arte dramático. Al igual que muchos podríamos pensar que estas obras son cosa de la actualidad, que forman parte de una contracultura posmodernista y que solo disfruta una minoría de “intelectuales”, cuando lo cierto es que es lo más parecido al teatro en su origen primitivo. La actuación comenzó adoptando una función religiosa, haciendo de ella un ritual que se realizaba en las tribus o civilizaciones griegas para conectar a los hombres con su realidad más espiritual. Las concepciones de espacio y tiempo escénico vinieron más tarde, y la experiencia de la actuación como rito se fue perdiendo poco a poco en el tiempo. Las obras concebidas bajo unos estándares más convencionales y orientados al ocio son igualmente válidas, pero no tenemos por qué excluir u olvidar la faceta religiosa que originó el propio género artístico y que sigue rigiendo muchos tipos de teatro alrededor del mundo. Por ejemplo, en la India existe un teatro representado en sánscrito que surgió en los siglos IV y V donde todos los movimientos corporales están coordinados y medidos bajo unos ejes espirituales del arte hindú llamados los nueve rasas; “emociones o sentimientos estéticos que un artista logra expresar por medio de su obra”. En Japón, el teatro nō, famoso durante el siglo XV y la actualidad, tiene mucha relación con escrituras y danzas realizadas en templos budistas, y hasta el espacio escenográfico está configurado de acuerdo con la cosmología oriental budista.

Así que sí, podríamos decir que la Fura dels Baus es teatro, y la más pura expresión de este además. Aunque la efectividad religiosa haya quedado obsoleta dejando un teatro cargado de simbolismo, exponerte a obras de este tipo es una experiencia que creo única e indispensable para los amantes del teatro o cualquier forma de expresión artística que no dejará indiferente a nadie.

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