Sinceramente, que arda todo

Lo que hemos vivido en estos días dará que hablar en un futuro. Los disturbios iniciados en Barcelona tras la sentencia del juicio del procés ha provocado una oleada de comentarios, debates y mensajes de solidaridad o crítica contra el pueblo catalán. No tenía pensado publicar nada hoy pero la vorágine en la que vivimos me ha empujado a escribir esto. Uso este espacio que me confiero para dar mi opinión, lo más detallada y reflexiva posible, sobre la cuestión de los disturbios y la violencia. Como buen twittero, podría haberlo hecho en la red social pero 280 caracteres se me quedan corto –por no hablar de la hostilidad que alimentamos en la red.

Sobre la cuestión de la violencia, indudablemente la hay, pero para mí la pregunta de fondo es, ¿por qué han reaccionado tan violentamente? Esta explosión de disturbios reside en una serie de condicionantes objetivos que han llevado tal. Estos condicionantes que están encadenados uno tras otro en el tema catalán: comenzando con la crisis del 2008 y el gobierno del PP con  Mariano Rajoy que dio paso a este fervor independentista iniciado por Artur Mas, pasando por la unión de las fuerzas catalanas JxCat, ERC y la CUP, el 1-O, los políticos presos/presos políticos (materia de debate), el auge del nacionalismo español y la ultraderecha… hasta finalizar en la sentencia. Todas estos condicionantes objetivos han provocado la reacción violenta de numerosas subjetividades (en este caso los independentistas). Lo cierto es que el independentismo catalán parece haber entrado en una fase de hartura por la situación, ayer veíamos como hostigaban a Gabriel Rufián. Parece que los civiles independentistas están rompiendo con sus dirigentes políticos.

Sobre las acciones que se están tomando, la primera de todas tras la sentencia fue la de concentrarse en el aeropuerto de El Prat. Después, fue cuando comenzaron los disturbios callejeros. Se ha hablado mucho sobre si las acciones deberían ser pacíficas, que muchas lo están siendo, y de condenar íntegramente la violencia. Esta opinión me resulta que tiene falta de óptica y es toda una frivolidad. Todos desearíamos una vía pacífica y democrática pero es que esta vía fracasó hace tiempo – podemos fecharlo a partir del 1-O y las posteriores detenciones a dirigentes, era la crónica anunciada del desastre.  Nadie, ni los independentistas, son violentos per se. Son las propias condiciones objetivas las que les han empujado a la insurrección violenta. A cada acción, su contexto.

Sobre el papel de la policía. No es una sorpresa, la alteración del orden público trae consigo la actuación policial, cualquiera que esté en esa tesitura sabe que recibir un porrazo es de esperar. Aunque creo que, haciendo una generalización, la actuación policial está siendo desmedida y lo hacen con saña: humillación en portales, apalean manifestante pacíficos, arrollan con sus furgones, arrestan periodistas… Los vídeos están circulando por la red, cada uno sacará sus conclusiones. Aquí se abre el tema importante, dos tipos de violencia frente a frente: la provocada por los civiles frente a las fuerzas de seguridad del Estado (el bien llamado monopolio estatal de la violencia). El trasfondo está en qué tipo de legitimidad le damos a qué tipo de violencia. Aquí se trata de ganar el relato, aquellos que sean capaces de convencer a la opinión pública de que su violencia es legítima, serán aquellos que se alcen victoriosos sobre la revueltas.

Debemos entender que la violencia callejera es una anomalía. Por tanto, en situaciones anómalas se producen acciones anómalas. He visto críticas acerca de si queman coches, retenciones en carreteras o saquean tiendas – saltó la noticia de individuos que salieron con televisores de plasma, “vaya con la lucha contra el sistema” dijeron algunos; rechazo total a estas acciones pero hay quienes le gusta hacer de lo parcial la totalidad – y que todo ello afecta a los trabajadores. Algunos parecen que solo se preocupan de la clase trabajadora cuando están los independentistas de por medio. Luego cuesta verlos cuando se produce algún ERE o muere algún trabajador/a a causa del propio trabajo. Son reaccionarios ocultos por la máscara del nacionalismo español.

¿Vientos de cambio?

Cataluña, Ecuador, Chile, Francia, Corea del Sur. Todas ellas revueltas violentas y ciudadanas, cada una con sus particularidades de fondo. Cuando escribo esto, ayer se producía en Madrid una marcha convocada por el Movimiento Antirrepresivo por los derechos y libertades democráticas – la manifestación convocada de hace semanas, tuvo el rebufo de lo que pasaba en Cataluña. La marcha finalizaba en Sol pero continuamos hasta Callao, allí se produjo la actuación y represión policial para disolver a la gente. El éxito de la convocatoria estuvo basado en la solidaridad de los madrileños con los catalanes. Como ha señalado mucha gente, no es el fracaso del proyecto independentistas, es el fracaso de nuestra democracia por no haber sabido gestionar la convivencia. Hablaba junto a amigos míos de la situación de hartazgo en la que nos  hayamos: el fracaso del Gobierno progresista, el PSOE en su confirmación de partido reaccionario, el fin del proyecto del 15-M con la izquierda cercenada, el incremento de la ultraderecha, el debate sobre el rumbo de la lucha contra el cambio climático y el feminismo, la amenaza de una nueva recisión económica… ¿Cuál será la medida que nos empuje a las calles? ¿Lo haremos de forma violenta? Se ha visto, volviendo a caso de Chile, Ecuador y Francia, que la violencia callejera fue la vía de escape para las exigencias ciudadanas. Fueron el pulso contra el Gobierno, “hasta que no toméis medidas, no pararemos”. Tomar las calles implica paralizar el país, implica que Gobierno y empresas pierden dinero y deben tomar medidas: ya sean represoras o negociadoras. Un buen amigo hablaba de que rechazaba aquello de que España era un Estado fascista (se popularizó en redes #SpainIsAFascistState). No, para él y tal como subscribo, España es un Estado liberal perfectamente sano y como cualquier Estado liberal no dudará en enviar la fuerzas represoras a aquellos que cuestionen el sistema ¿Se está agotando el liberalismo y su último instinto de supervivencia es la represión? Solo la perspectiva histórica podrá decirlo, aún es pronto.

Concluyendo, la acción civil debe de empezar de una vez por todas a cuestionarse las bases del sistema, ése debe ser el tema que vertebre todas las luchas. Tomar las calles, tomar partido es un acto que requiere esfuerzo, así que tengamos largo aliento. 

Odio a los indiferentes (…) que “vivir significa tomar partido”. (…) Quien realmente vive no puede no ser ciudadano, no tomar partido. La indiferencia es apatía, es parasitismo, es cobardía, no es vida. Por eso odio a los indiferentes.

Antonio Gramsci.

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