Amor en tiempos del consumo

Una tarde más, tirado en la cama sin nada que hacer y decido sacar el móvil (que es lo mismo que no hacer nada) para meterme un rato en Tinder. Como si fuera un automatismo comienzo a deslizar a derecha e izquierda: “Like, Like, Dislike, Dislike, Dislike, Like”… Gasto unos minutos de mi tiempo, y realmente pienso, ¿esto me sirve de algo?.

Desde bien pequeños nos empujan a encontrar a esa persona, “la media naranja”, que nos hará sentir el amor y nos complementará de por vida. Qué decir, que la concepción de amor o relaciones afectivas han variado a lo largo de la historia. Poco a poco vamos dejando atrás  la concepción católica y tradicional del amor. En nuestra nueva sociedad, posmoderna y cada vez más secularizada, los vínculos afectivos se están trasformando enormemente. Una buena manera de entender una sociedad es ver la manera en la que nos relacionamos con los otros. Así que, ¿cómo es el amor en nuestra sociedad?.

Z. Bauman alertaba acerca del amor en nuestra posmodernidad – o modernidad líquida para el autor. Entendía que en una sociedad individualista y consumista, caracterizada por un disfrute inmediato, las relaciones afectivas iban siendo cada vez más volátiles. Tal como él lo entendía, el amor requiere de un esfuerzo para que la relación cristalice y un riesgo (material, emocional, de tiempo…) ante la posibilidad de que uno de los dos rompa la pareja. No tomamos ese esfuerzo o riesgo porque tememeos al fracaso de la relación y nuestra sociedad no mira con buenos ojos al fracaso.

En nuestro tiempo, se habla acerca del poliamor. O por lo menos, una concepción liberal del término donde uno como individuo puede disfrutar de distintas personas sin el temor a comprometerse. Al igual que en el mercado, el poliamor liberal crea unas dinámicas de competencia entre las posibles parejas, trazando un paralelismo entre: “qué producto es mejor , qué persona es mejor”.

Lo mismo ocurre en una cultura de consumo como la nuestra, partidaria de los productos listos para uso inmediato, las soluciones rápidas, la satisfacción instantánea (…) lograr «experiencia en el amor» como si se tratara de cualquier otra mercancía. Seduce y atrae con su ostentación de esas características porque supone deseo sin espera, esfuerzo sin sudor y resultados sin esfuerzo.

Z. Bauman. Amor Líquido.

En relación con el Tinder, las aplicaciones de citas son una especie de mercado del amor donde uno puede entrar sin el temor al esfuerzo o riesgo que implica las relaciones. Al fin del acabo, si una cita no funciona pues adiós y que pase el siguiente. Nuestros hábitos como consumidores también se trasladan al ámbito de tener hijos. Ahora vivimos en una época donde tener un hijo es una decisión, esto implica que la crianza del niño/a implica postergar una serie de placeres que nos son ofrecidos en la sociedad de consumo (sin eludir la cuestión de que las parejas no tienen hijos porque la precariedad de los trabajos les hace imposible el mantenimiento de un hijo).

Erich Fromm entendía el amor como el camino más satisfactorio a la cuestión de la existencia humana. Las uniones deben ser interpersonales: conservar nuestra individualidad pero manteniendo los cuidados de la otra persona. Lo más importante para Fromm no es cuánto somos amados, sino, nuestra propia capacidad para amar.

Manual ideológico para el amor

Lo político es personal y en la manera en la que pensamos, deberíamos actuar. De ahí me lleva a pensar, si uno rechaza la forma de la sociedad actual ¿No deberíamos cambiar las maneras en nuestras relaciones afectivas?.

Desde la concepción anarquista, se rechazaba la idea del matrimonio puesto que lo concebía como una institución burguesa más. Aquí se acuñaba la idea del “amor libre”, relaciones afectivas que no estuvieran mediadas por ningún tipo de institución, ya fuere estatal o religiosa. Para Malatesta, el mejor amor se practicaría en una sociedad desprovista de la explotación, el machismo, los prejuicios sociales y religiosos… Sin embargo, entienden que este amor libre debe construirse desde la solidaridad con los otros, y no desde el individualismo liberal. Por esto que la concepción de amor libre se haya pervertido tanto.

Si bien es cierto que algunos matrimonios están basados en el amor, y siendo igualmente cierto que en algunos casos el amor se prolonga en la vida matrimonial, yo sostengo que lo hace a pesar de, y no gracias a, el matrimonio. (…) La institución del matrimonio hace de la mujer un parásito, absolutamente dependiente. La incapacita en su lucha por la existencia, anula su conciencia social, paraliza su imaginación.

Emma Goldman. Matrimonio y Amor.

Por el ala socialista, Aleksandra Kollontai en su obra incidió  en la relaciones humanas. Para ella debía existir una revolución humana que cambiase los valores de la sociedad burguesa. Entiende que el amor liberal se construye sobre el principio de propiedad, tener una pareja implica poseer a alguien. Al igual que los anarquistas, habla sobre un amor libre o amor de camaradería, que debe tener el valor de la solidaridad frente al de la individualidad. Kollontai defiende que cada sistema da un significado distinto al amor según sus necesidades y que las relaciones entre los sexos definen el orden social.

Amor y cultura de masas

La idea popular del amor es una construcción cultural más. Esta concepción amorosa viene creándose y reforzándose desde la cultura de masas. En el siglo XIX, el Romanticismo asentaba la idea del “amor romántico” que todo lo puede – si bien en su día era de suma importancia puesto que daba el derecho a los sujetos de enamorarse – hoy la asociamos a conceptos negativos como la toxicidad. Esta concepción romántica se ha repetido en todos los ámbitos de nuestra cultura. Solo echad un vistazo a vuestras playlist y ver cuántas canciones versan sobre el amor romántico. O en el caso del cine, las historias de “chico conoce a chica” y se ven abocados a estar siempre juntos en un final de “comieron perdices” o “made in Hollywood” . Por eso, que las películas amorosas que más me gustan sean las historias más amargas (la trilogía de Antes del… , Lost in Translation o Her) porque muestran las relaciones afectivas con sus luces y sombras.

También es interesante ver la espectacularización del amor expuesta en televisión. Véase estos programas sobre encontrar pareja, el más en boca actualmente, First Dates – donde sufrimos a Carlos Sobera decir tonterías empalagosas sobre el amor. Aquí lo privado se convierte en público y el programa de manera retorcida junta a dos personas que poco tienen que ver y juegan con esa necesidad humana de conocer a alguien. Programas en los que se banaliza las relaciones afectivas para elaborar un producto de tele-entretenimiento.

Realmente creo que hay que crear alternativas a la pareja tradicional –basada en lo religioso, la monogamia, el matrimonio… – pero no confundamos que la respuesta vaya a ser el poliamor liberal, pensado que te hace más libre o más rebelde frente al tradicionalismo. En cualquier caso e incidiendo de nuevo, son relaciones basadas en el egoísmo. Podemos cambiar la sociedad en lo material o lo cultural, pero también cuidar lo afectivo y construir una sociedad basada en los lazos de cuidados, solidaridad y empatía.  Este texto es un ejercicio de cara a los otros pero también a mi mismo: “Aquel de ustedes que esté libre de pecado, que tire la primera piedra”.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Crea un sitio web o blog en WordPress.com

Subir ↑

Crea tu página web en WordPress.com
Empieza ahora
A %d blogueros les gusta esto: