“Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not”. El costumbrismo de los Arctic Monkeys

En el año 2006, unos jóvenes de Sheffield – ciudad situada al norte de Inglaterra, en el  condado de Yorkshire sur,  dedicada a la actividad metalúrgica – lanzaban su primer álbum de música: Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not,  bajo el nombre de los Arctic Monkeys. Por aquel entonces, la industria musical era distinta a la que hoy conocemos: aún funcionaba la venta de discos, la gente usaba MP3, plataformas como Spotify tardarían en asentarse en el mercado y todavía no había esta cantidad ingesta de festivales. La estruendosa irrupción de los Arctic Monkeys supondría la última gran horneada de grupos anglosajones, junto a otros como Franz Ferdinand o The Strokes, los llamados a ser los “salvadores del rock”.

Lo que hoy me acerca a Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not,  es observar el nexo temático que mantienen todas las canciones y hacen del disco una unidad común. A través de sus letras, Alex Turner dibuja cómo es pasar una noche en su Sheffield y nos pone en la piel de cualquier chico/chica de Inglaterra que sale con sus amigos: ir algún local, estar en una fiesta, conocer a una persona, ligar, emborracharse… Canciones costumbristas, repletas de slangs, sin ninguna pomposidad ni sentimentalismo.  El disco en este afán de retratar a las clases populares recuerda a la tradición del realismo inglés, que va desde la literatura de Dickens, pasando por las películas del Free Cinema o de Ken Loach, hasta llegar a otros exponentes musicales como The Kinks (Dead End Street). De hecho, el propio título del álbum es una referencia a la película: Saturday night and Sunday morning (enmarcada en el movimiento Free Cinema) en la que un joven Albert Finney, en cierto punto del film, pronuncia la frase que da nombre al disco.

Una noche por Sheffield

Todo empieza con The view from the afternoon, donde nos podemos imaginar a un jovencísimo Alex Turner en su casa, que acaba de quedar con sus colegas. Nos habla acerca de las expectativas que tiene uno horas antes sobre cómo va a ser la noche. Piensas que hoy va a ser distinto, pero no te engañes, que vas a ver a la misma gente y vas a ir por los mismos locales, es una noche más.

Ya es de noche, nos trasladamos a alguna discoteca indeterminada de la ciudad. Como si fuese un plano cenital, sobrevolamos el local para ver la fauna que lo habita. I bet you look good on the dance floor y Dancing shoes nos cuentan sobre cruzar miraditas con una persona, ponerte a bailar con ella y preguntarte: “¿será un romance o solo un lío de noche?”. Still take you home: un chico, contento por el efecto del alcohol, habla con una chica, piensa que es atractiva, aunque posiblemente no tengan mucho en común pero oye, a lo mejor, la lleva a su casa. En otro lado, una panda de tíos está intentando ligar con una chica: fanfarronean e intentan hacer chistes; uno de ellos se avergüenza por la cantidad de tonterías que está diciendo (You Probably Couldn’t See Me For the Lights But You Were Looking Straight At Me).

Oh, no hay amor, sin Montescos ni Capuletos
Solo hay canciones pegadizas y sets de DJs y
Pistas de baile sucias, y sueños de perversión!


(I Bet You Look Good On the Dancefloor)

Abandonamos el local para deambular por las calles de Sheffield. A un tipo lo han echado los seguratas de la cola de la disco, casi le dan de hostia y decide que se va a emborrachar por ahí. Al final de su juerga, cuentan la tremenda resaca que tendrá mañana al despertarse (From the Ritz to the rubble). En la acera un grupo de personas piden un taxi:  “¿podemos entrar seis?” preguntan para pagar menos. Dentro del taxi hablan de cómo les ha ido la noche pero ven el precio del taxímetro y se escandalizan. Cuando llegan a su destino, intentan escaparse sin pagar pero las puertas están bloqueadas (Red light indicates doors are secured).

En alguna otra parte, un par de personas han sido detenidas después de huir de la policía. Uno de los policías (descritos como those silly boys in blue) pregunta si tienen la edad suficiente para beber,  a uno de ellos, le parece buena idea responder vacilando a la autoridad. Al final, se lo acaban llevando en un furgón policial. Alex Turner desciende a los suburbios y a la vida de lumpen en When the sun goes down: habla sobre una prostituta que recorre las calles en una noche fría. Un coche, conducido por un tipo asqueroso (scummy man),  se le acerca y ella se acabará subiendo.

Y aparece la furgoneta antidisturbios
Y estos chicos vuelven locos a los polis
Ellos preguntan porque no arrestan criminales de verdad

(Riot Van)

Fake tales from San Francisco y Perhaps vampires is a bit strong but son canciones acerca del mundo de la música y las bandas en Sheffield. La primera, habla sobre una banda que se piensan, actúan y visten como estrellas de rock pero realmente son malísimos tocando. La segunda, es una carta de odio dedicada a todas aquellas personas que nunca apoyaron o criticaron a los Arctic Monkeys cuando daban sus primeros humildes pasos.

Finalmente, A certain romance retrata la figura del chav (lo equivalente al estereotipo de quinqui en España). Lo pinta con sus Reebok y chándal, violento, dispuesto a darse de hostias esta noche. Mardy Bum, uno de los temas insignias del grupo, es sobre una pareja que está discutiendo: ella está enfadada porque él ha vuelto llegar tarde, parece estar cansada de sus excusas; él intenta calmarla apelando a que recuerde los buenos momento de pareja. El título, mardy bum, es un coloquialismo para referirse a una persona cabezota.

Bueno, ¿no podemos reírnos y hacer bromas?
Acordarnos de achuchones en la cocina (…)

En un día como hoy en el que estás
Con ganas de discutir
Y tienes la cara de mala leche puesta

(Mardy Bum)
Imagen tomada para la portada del disco. Aparece uno de los amigos de la banda fumando, Jon McClure, con cara de haber pasado una tremenda noche como la de los protagonistas de las canciones.

Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not   daba el pistoletazo de salida para una de las bandas más alabadas actualmente. Aquel disco se hizo exitoso gracias al boca a boca y al poco tiempo de su lanzamiento se convertiría en un fenómeno viral en Reino Unido. Ya han pasado trece años, los Arctic Monkeys cuentan con seis álbumes a sus  espaldas, diferentes entre si pero con lo bueno de que cada uno es una propuesta musical distinta. Hoy mirando la portada del disco pienso que tiene ese aura de clásico de la música, una imagen que ya es un icono como puede ser el Abbey Road de The Beatles o el Nevermind de Nirvana.

*El contenido y traducción de las letras han sido sacadas de Letras Indie y Genius.

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