La fraternidad patriarcal: ¿qué lugar ocupo?

Cuando escuchamos una denuncia de una mujer en la que ha sido agredida y violentada -física y/o mentalmente- en nuestro “sistema inmunológico” de hombres se activan todas las alarmas y pareciera que estamos en un reactor nuclear. Nuestro cerebro enseguida nos invita a sentir empatía por el otro hombre, nos situamos en el lado del opresor y yo, como hombre, me pregunto por qué.

Nos han moldeado en creencias y valores ligados a la fraternidad y el apoyo mutuo entre “hermanos”. La fraternidad está basada en un pacto patriarcal en la que el hombre ocupa la figura de consumidor y la mujer de objeto de consumo. Pero no siempre funciona como una teoría económica consumista, ya que históricamente la mujer ha sido la presa y el hombre el depredador.

Necesitamos incomodidad y que estos “depredadores” sientan miedo porque su sistema masculino se está desmoronando, debemos saber cual es nuestro espacio y desde ahí actuar apoyando a nuestras compañeras como ellas hacen consigo mismas a través de términos como el de sororidad.

Tenemos que ser un grupo de apoyo y contención contra otros hombres que invadan el espacio y fuercen a otras mujeres a evitarlos e incluso a sentirse inseguras dentro de ellos. Ellas han dejado de asumirse como presas, ahora somos nosotros quienes tenemos que tener conciencia de género y deconstruirnos individualmente para que puedan construir un nuevo sistema de valores tan potente como es el de sororidad.

Debemos seguir sus pasos en situaciones corrientes del día a día, no callarnos si vemos algún tipo de situación en la que una mujer esté sufriendo acoso o violencia machista, poner al alcance de las compañeras los medios y ayudas necesarias para que ellas mismas puedan realizar las actividades sin que repercuta en otras labores, como por ejemplo acudir a clase el 8 de marzo.

Estos pequeños detalles hacen que seamos parte del movimiento y podamos ayudar a transformar el sistema, basándonos en la corresponsabilidad con nuestras compañeras entendida como sostenibilidad de la vida.

Es hora de salir de la zona de confort, es hora de superar esta fragilidad masculina que nos impide ver más allá, es hora de hacer visible lo invisible, es hora de un cambio en nuestras vidas para buscar un bien común, es hora de ser hombres con conciencia de género.

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