VOX, a caballo entre la América nostálgica y la Europa de los años 30

El pasado 28 de abril, con 24 diputados y 2,6 millones de votos, el partido de extrema derecha Vox hizo saltar las alarmas al lograr imponerse como la primera fuerza de ideología radical conservadora en lograr representación en el Congreso de los Diputados tras 40 años de democracia.

 Desde aquella noche electoral, sus programas, medidas y propuestas han sido analizadas con lupa por periodistas y politólogos que buscan despejar las dudas que la irrupción de este controversial partido ha generado. Una de ellas versaba sobre sus posibles relaciones de proximidad con los partidos de extrema derecha del resto del mundo. En este sentido, las felicitaciones recibidas en la noche electoral por parte de ciertos líderes populistas europeos, tales como Marine Le Pen o Salvini, parecían mostrar un gran idilio entre Vox y sus partidos “hermanos” en Europa, con quienes podría formar grupo en el parlamento europeo tras los entonces futuros comicios europeos del 26 de mayo. Sin embargo, ya en la campaña a las elecciones europeas, el partido radical se desmarcó en varias ocasiones de sus partidos afines en el continente, negándose a reconocer públicamente su posible unión en la cámara europea y limitándose exclusivamente a pedir respeto para la extrema derecha europea por el bien de la democracia.

Salvini y Le Pen, junto a otros líderes nacionalistas europeos.

Finalmente, el 13 de junio, ya con los escaños europeos repartidos, el partido nacional-populista español sorprendió al introducirse en el grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos, grupo en el que no se encuentran ni La Liga Norte de Salvini, ni El Frente Nacional de Le Pen. Esta decisión, podría haber sido tomada por fines tácticos, ya que el grupo de los reformistas europeos es más moderado, a pesar de contar con partidos bastante extremistas, como el Ley y Justicia polaco o el Files húngaro. Además de esto, este grupo parlamentario no se reconoce como euroescéptico, si no como eurocrítico, hechos que podrían suponer un cierto “blanqueamiento” del partido radical, sobre todo a nivel europeo. Sin embargo, en mi opinión, esta decisión también tiene un componente importante de coherencia ideológica por parte del partido de extrema derecha.

A menudo, los medios de comunicación han intentado relacionar la imagen de Vox con la extrema derecha europea, pero, ciertamente, se puede encontrar más relación entre Vox y los postulados de la extrema derecha americana. Así, mientras que la extrema derecha europea propone medidas de marcado carácter intervencionista, tales como la nacionalización de empresas para aumentar el control del estado sobre determinados sectores públicos, el incremento del gasto o la reforma del mercado laboral contraria a las políticas de ajuste y austeridad de los últimos tiempos. La extrema derecha americana, que perfectamente podría encontrar su mejor retrato en las figuras de Trump y Bolsonaro, lo que busca es favorecer al sector privado mediante la reducción masiva de impuestos a las grandes compañías de forma que la Administración pierda su papel protagonista en la gestión y organización de la vida pública de los estados.

En esta línea, Vox se presenta como el partido de la reducción del gasto en la Administración, el cual quieren reducir de los 24 mil millones a los 16 mil, el partido de la reducción masiva de los impuestos (a lo Trump), o el de la capitalización de las pensiones (como Bolsonaro).

Los presidentes Jair Bolsonaro y Donald Trump en su encuentro en la Casa Blanca.

Además de en sus medidas económicas, Vox concuerda con la extrema derecha mundial en su marcado componente antiinmigración, así como su rechazo frontal a los movimientos ecologista, feminista o LGTB+, pero, para mas inri, también tiene en común con la extrema derecha americana su devoción por las armas, las cuales quiere legalizar en España, su nostalgia por las dictaduras, en este caso la franquista, y su tendencia al militarismo.

En definitiva, se podría concluir que Vox, con su ideología radical-conservadora en el aspecto social, forma parte por derecho de la gran familia global de la extrema derecha, pero con su marcado liberalismo económico y su fuerte despreocupación a la hora de mantener el estado de bienestar, se ha ganado las llaves del apartamento que esta familia tiene reservada para la extrema derecha americana, compartiendo cama ideológica con personajes como Trump o Bolsonaro.

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