El arte de reivindicar

Cuando pensamos en la Historia del Arte que se imparte en las clases de institutos y universidades, la que siempre nos han mostrado en los museos o que encontramos en redes sociales seguramente pensemos en las pinturas negras de Goya, los retratos de Matisse, quizá en los abstractos de Malévich, en cubistas como Picasso o magos del color como Klee o Rothko, algún romántico como Friedrich o grandes escultores como Rodin. La Historia que se enseña es una eurocentrista, plagada de hombres blancos donde la mujer y en especial la mujer negra parece estar ausente. Cometeríamos un error al considerar esta como la única historia, ya que la Historia del Arte que todos conocemos se construyó con el paso del tiempo y de forma dinámica por aquellos que poseían el poder de permanecer en ella. La realidad es que hay muchas más historias que no conocemos, historias de mujeres artistas que han sido silenciadas durante siglos y que ahora comienzan a ser contadas.

Como veremos a lo largo de este artículo, la institución museística ha sido cuestionada por su escasa diversidad en las salas. No se intenta construir una reescritura radical de esta historia occidental, ni se trata de realizar actos de censura, (ya que la censura solo puede ser ejercida por alguien con poder sobre otros que no lo tienen) sino que se ha exigido una mayor contextualización de las obras expuestas al igual que una mayor presencia femenina y negra. A veces esta reivindicación se interpreta de una forma errónea al representar mujeres artistas como Frida Kahlo de una manera en la que su imagen ha sido tan comercializada que se la conoce más por su apariencia que por su obra artística.

Si hablamos de activismo feminista en los museos tenemos que hablar de las Guerrilla Girls, un colectivo de mujeres artistas que denuncian casos de machismo, racismo y corrupción política en el mundo del arte. Bajo las máscaras de gorila que caracterizan este grupo han hecho miles de proyectos como exhibiciones o carteles que se han viralizado por todo el mundo.

Los mensajes de las Guerrilla Girls han llegado a museos como el Tate Modern y Whitechapel Gallery de Londres, el Museo de Arte de São Paulo, Museo Van Gogh en Ámsterdam, Art Basel en Hong Kong y muchos más.

Muchas mujeres del mundo del arte han hecho de esta reivindicación verdaderas obras y performances que conforman su propia carrera artística, como es el caso de Sonia Boyce. La artista británica afrocaribeña acaparó los medios con su obra/acción del descuelgue del cuadro ‘Hylas and the Nymphs’ de Waterhouse en el famoso museo Manchester Art Gallery. Este acto dio lugar a conversaciones y artículos en los que palabras como ‘radical’ y ‘censura’ aparecían en el argumentario general. Y si bien la elección del cuadro para el descuelgue fue meditada, quitar ese en específico por el machismo implícito que contiene no era el propósito de Sonia Boyce. La artista hizo que esas concepciones tan arraigadas de lo que tenemos por Historia del Arte se vieran sacudidas por un gesto que cuestiona la forma de exhibir e interpretar obras de arte y los valores artísticos que esto conlleva. Esta no era la primera vez que Boyce realizaba una performance polémica, en 1995 se llevó a cabo “Peep”, una obra en la que se cubrieron con papel vitrinas enteras de la colección de “Arte y cultura no-occidental” del museo de Brighton a modo de crítica al enfoque de las exhibiciones étnicas.

Y por último podemos mencionar la repercusión que ha tenido esta “revolución artística” en España, donde museos con muchísima relevancia nacional se han sumado a esta protesta por un arte igualitario, como por ejemplo el Reina Sofía y su visita guiada llamada “Una mirada feminista a las vanguardias”. A nivel de artistas individuales destacamos el trabajo de la artista Maria Gimeno, autora de la conferencia performativa “Queridas Viejas” en la que la artista se dedica a cortar e incluir páginas en el manual “Historia del Arte de E. H. GOMBRICH” para ir modificando poco a poco el libro y “hacer hueco” a todas esas mujeres y sus obras ausentes.

Así que ahora cuando pensemos en la historia del arte, esa que se esconde debajo de siglos de represión y silencio, quizá pensemos en el surrealismo de Dorothea Tanning, en el expresionismo de Joan Mitchell, las esculturas de Camille Claudel o la abstracción de Hilma af Klint. Quizá ahora podamos pasear por las salas de los museos mirando las obras a través de unos ojos críticos con los que cuestionarnos el trato que se les da a las mujeres en el mundo del arte, y poco a poco descubrir ese otro mundo femenino del que sabemos tan poco y el que siempre nos han ocultado, porque, al fin y al cabo, nos quieren como musas porque nos temen como artistas.

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